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NUESTRO COLEGIO


Los escolapios llegaron a Valencia en 1738, procedentes de Aragón, donde fundaron el colegio Escuelas Pías. A mediados del siglo XX, ante la imposibilidad de atender a sus alumnos e internos, proyectaron la compra del terreno y la edificación del actual colegio San José de Calasanz con las aportaciones del mismo colegio S. Joaquín. El P. José María Blay se entusiasmó con el proyecto. El 28 de noviembre de 1954, el P. General, Vicente Tomek, con la presencia de los cinco provinciales de España inauguró oficialmente el colegio.
 
El 4 de octubre de 1954 comenzó el primer curso escolar, con una clase de párvulos, enseñanza primaria y los dos primeros cursos de bachillerato. El año siguiente, se amplió al resto de cursos. El P. Jaime Sala fue el primer Rector. Entre los miembros de aquella primera comunidad religiosa se encontraban los PP. Manuel Antequera y Rafael Puig, que hoy también acompañan la vida del colegio.
 
Asolada por la riada del 14 de octubre de 1957, D. Marcelino Olaechea, arzobispo de Valencia, inauguró la Iglesia el 27 de mayo de 1960.
 
En un principio, el colegio acogió a un numeroso internado. Paulatinamente, los escolapios abrieron sus puertas al barrio que crecía en el entorno del colegio. De esta forma, hijos de profesores de las cercanas facultades universitarias, de médicos del hospital Clínico, de los militares residentes en la zona… fueron configurando un estilo de colegio abierto a su entorno y a la Parroquia San Pascual Bailón, con la que siempre mantuvo una excelente relación de colaboración.
 
Con el paso del tiempo, se redujo la presencia de internos hasta la supresión del internado, pero fue creciendo la demanda de familias residentes en la zona. La estructura y organización del edificio se transformó para acoger al número creciente de alumnado masculino y femenino.
 
El colegio ha afrontado las sucesivas reformas educativas, con responsabilidad y profesionalidad. Fieles al lema de las Escuelas Pías “Piedad y Letras” o en su versión actual “fe y cultura”, el colegio ha impulsado una educación de calidad, como preparación a la universidad o a otros estudios superiores, y una evangelización viva y comprometida que ha facilitado en muchos alumnos la vivencia de la filiación divina al servicio de la Iglesia y de la sociedad.
 
Hoy, muchos laicos vinculados en diferentes modos a la Institución, participan del espíritu y carisma de S. José de Calasanz y llevan adelante esta labor educativa y evangelizadora en nuestras aulas para “gloria de Dios y utilidad del prójimo”.


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